Entrevista a Alejo Cano Maldonado

Entrevista a Alejo Cano Maldonado

El bailarín del Ballet Estable del Teatro Colón habla sobre su rutina, la presión de las compañías de danza, los cambios en la dirección del ballet y la necesidad de un mayor acompañamient físico y emocional para los artistas.

Alejo Cano Maldonado es integrante del Ballet Estable del Teatro Colón desde 2008 y ha interpretado roles en clásicos como Giselle, La Bayadera y El Lago de los Cisnes. Formado en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, vive la danza como un compromiso de alto rendimiento que combina disciplina, talento y trabajo diario en una de las compañías más prestigiosas del país.

Pero en esta conversación, Alejo no solo habla de su rutina de ensayos o de la preparación física necesaria para sostener funciones de gran exigencia. También aborda con franqueza un tema cada vez más presente en el mundo del ballet: el impacto emocional de la profesión, la presión institucional y la necesidad de acompañar mejor a los bailarines en su salud mental y física.

Con una mirada crítica y constructiva, Alejo reflexiona sobre los cambios recientes en la dirección del Ballet Estable, los estándares corporales que todavía persisten en el ambiente y las situaciones que ha presenciado a lo largo de su carrera. Con más de diez años de experiencia dentro de la compañía, comparte un testimonio valioso sobre los desafíos físicos y emocionales de la profesión, y la importancia de repensar las estructuras que sostienen a los bailarines.

¿Cómo es un día típico de ensayo?

Un día típico mío: me levanto, desayuno, voy al gimnasio o al teatro, donde también tenemos gimnasio. De 9 a 10 hago entrenamiento, de 10 a 11:15 tenemos clase de ballet y de ahí ensayo hasta la 1:30. Hacemos un break de 50 minutos y de 2:20 a 5 seguimos ensayando. Si no hay función, me voy a casa o hago kinesiología. En días de función retomamos recién a las 6 de la tarde hasta que termina.

¿Qué cuidados físicos sentís que son indispensables para rendir bien?

Número uno: salud mental. Si estás tranquilo, todo lo demás acompaña. Después, es como cualquier otro deporte: alimentación, entrenamiento, descanso. Nosotros no hacemos deporte en sí, pero es alto rendimiento igual. Hay que trabajar a conciencia, cuidar el cuerpo y descansar, que es lo que más cuesta.

¿Cómo manejás el equilibrio entre la exigencia artística y tu bienestar personal?

Es lo más difícil que hay en el teatro. Estamos muy presionados, últimamente más con la nueva dirección. Hay mucha exigencia desde un lugar no tan con amor. Es rendís o quedás afuera. El equilibrio lo tiene que encontrar cada uno: terapia, comidas, entrenamiento. Como profesionales, muchas veces no tenemos acompañamiento, salvo que haya un director que apoye.

¿Cómo es trabajar bajo la dirección de Julio Bocca?

Es muy especial. No hay comunicación, no es cercano al bailarín. Para liderar un grupo tenés que entrarle a la gente y ahora hay mucha distancia. Está difícil. Son ideas que vienen de un sistema muy americano, que no siempre encajan con lo que es Argentina y con nuestra compañía. Antes trabajábamos una hora menos, lo que daba más descanso y recuperación. Hoy ensayamos varias obras en paralelo, sin pausa.

¿Percibís que existe un ideal corporal predominante en el ballet argentino?

Más que en Argentina, en el ballet mundial. Siempre estuvo la idea de que la bailarina tiene que ser flaca, piernas largas. Hoy eso está cambiando, lo cual es bueno. Entiendo que hay que tener cierta línea para usar tutú o calzas, pero no es algo que deba ser una exigencia. En Argentina hay mucha diversidad de cuerpos y eso se empieza a ver más en escena.

¿Has visto casos de compañeros con trastornos alimenticios?

Sí, cantidad de veces. Tenemos una nutricionista, pero viene cada dos viernes y no hay seguimiento. Tendría que haber más acompañamiento de la dirección. Yo, como soy uno de los más grandes, trato de preguntar "¿estás comiendo bien?, ¿cómo estás?" cuando noto algo. Otros lo naturalizan. Falta mucho trabajo en ese sentido.

¿Creés que se habla lo suficiente de salud mental en el ambiente del ballet?

No, falta muchísimo. La gente que dirige viene de una mentalidad vieja escuela  "diclofenac y bailo roto". Piensan que porque ellos lo hicieron, uno tiene que hacer lo mismo. Hay que aggiornar esa visión.

¿Si pudieras hablar con tu yo de 10 años, ¿qué le dirías?

Que no se sobreexija tanto, que todo está bien. A veces uno no para y se termina lastimando. También le diría que empiece a ir al gimnasio de chiquito para cuidar la musculatura y el cuerpo.

¿Qué cambios te gustaría ver en las escuelas y compañías de danza?

Un grupo multidisciplinario en todas las escuelas: kinesiólogo, nutricionista, profesores que acompañen el entrenamiento. Falta pedagogía y un engranaje entre áreas para cuidar a los estudiantes. Y sobre todo, terminar con la lógica de "rendir porque el telón se abre", incluso lesionado. En el mundo ya no se piensa así.

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