
Entrevistas
Belén Kadlec: Ex bailarina de danza clásica
"Me rechazaron de una audición por gorda"
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) constituyen una problemática de salud pública cada vez más visible entre adolescentes y jóvenes. La anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón no son meras conductas pasajeras vinculadas a la alimentación: son enfermedades que afectan la mente, el cuerpo y la vida cotidiana de quienes las padecen.

En ámbitos artísticos como la danza clásica, donde el cuerpo es a la vez instrumento y vitrina, los estándares de delgadez se imponen como condición casi inevitable. La exigencia técnica se mezcla con la presión estética, y muchas veces lo que debería ser un espacio de expresión se transforma en un terreno fértil para la inseguridad y la autocrítica.
Belén Kadlec vivió esa tensión en carne propia. A los 18, recién llegada a Buenos Aires y con la ilusión de dar sus primeros pasos profesionales, fue rechazada en una audición con un argumento que aún hoy recuerda con dolor: "Si estuvieras un poco más liviana te ayudaría mucho en tu técnica". Nueve años después, comparte cómo ese episodio marcó su vínculo con la danza y con su propia imagen.
¿Cuándo empezaste a bailar y qué lugar ocupa en tu vida?
Bailo danza clásica desde los 7 años. Siempre fue mi sueño, mi motor. A los 18 decidí mudarme a Buenos Aires para buscar mis primeros pasos profesionales. La danza era todo lo que quería.
¿Cómo llegaste a esa audición en 2017?
Fue apenas me mudé. Era para un ballet con sede en Nueva York, dirigido por una mujer argentina. Me parecía una oportunidad única. Éramos 60 personas en un aula muy chica, con diferentes instancias. Logré pasar todas y llegar hasta la última clase, que fue de las más difíciles que hice en mi vida.
¿Qué pasó después?
A los días recibí un mail. Primero parecía un rechazo normal, hasta que leí la parte que decía: "Si estuvieras un poco más liviana te ayudaría mucho en tu técnica. No soy fanática de la flacura, pero cuando veo que quizás ese sea el problema lo digo". Ese comentario me destruyó.
¿Por qué sentís que te marcó tanto?
Porque yo ya venía con inseguridades. Ese mail fue como confirmar lo que más temía: que mi cuerpo era un obstáculo, más allá de la técnica. Yo estaba sola en Buenos Aires, sin amigos ni familia, y leer eso me rompió el corazón. Los especialistas en salud mental señalan que los TCA suelen aparecer en entornos donde la exigencia física y estética es muy fuerte.
¿Sentís que ese comentario fue un detonante?
Sí. Yo ya arrastraba problemas con mi imagen, pero ese mail fue un golpe muy fuerte. Empecé a dudar de todo: de mi valor, de mi técnica, de mi futuro en la danza. Después busqué ayuda psicológica y eso me sostuvo.
¿Qué respuesta encontraste con el tiempo?
Me rodeé de gente hermosa, hice amistades y seguí bailando, aunque no clásico. Encontré otros estilos donde no me sentía juzgada por mi cuerpo. Fue un proceso largo.
¿Qué pensás hoy sobre esos estándares de delgadez que todavía predominan en la danza clásica?
Que son dañinos. La técnica no depende solo de un cuerpo flaco. Comentarios como ese pueden marcar la vida de alguien. La danza debería valorar la expresión, la disciplina y la pasión, no reducir a las personas a un número en la balanza.
Si pudieras hablarles a otras bailarinas que atraviesan situaciones parecidas, ¿qué les dirías?
Que no dejen que otros opinen sobre su cuerpo como si eso definiera quiénes son. Que busquen ayuda, que no se queden solas. Y que recuerden que la danza, el arte, la vida, no se miden en kilos.
